
Aquí dejo el enlace de mi último relato.
Hay un cambio de género con respecto al anterior. Este sería un thriller de ciencia ficción, por catalogarlo de alguna forma.
Despertar
"Cuanto más aprendes, más consciente eres de lo que te queda por aprender."




La tercera y última es la flecha del tiempo cosmológica. Está relacionada con la teoría del Big Bang, según la cual el universo se está expandiendo. Esta teoría supone que hace unos 14.700 millones de años (casi nada), toda la materia y la energía estaban concentradas en un pequeño volumen extraordinariamente caliente y denso. Entonces ocurrió el gran estallido, el Big Bang, y la materia comenzó a expandirse y enfriarse, y no ha dejado de hacerlo desde entonces. 

Evidentemente, es mucho más práctico - y breve - decir: “Hola, tengo 34 años”, que: “Hola, desde que existo el planeta ha dado 34 vueltas alrededor del Sol”, pero al final cumplir años no es otra cosa que contar las vueltas completadas alrededor de una estrella amarilla ordinaria - el Sol - mientras viajamos en este vehículo llamado Tierra. El cumpleaños en sí mismo no tiene significado alguno. De hecho, si dos personas nacieran en el mismo instante, una en la Tierra y otra en un planeta con una órbita diferente, por ejemplo Venus, cuando la de la Tierra cumpliera 50 años, la de Venus cumpliría aproximadamente 81, sin embargo el intervalo de tiempo real transcurrido para ambos es idéntico. Han vivido el mismo tiempo, pero cada uno afirmaría tener una edad diferente, pues cada uno mediría el año en base a las vueltas que realizase su planeta.
Año y día son los nombres que hemos puesto, respectivamente, a la duración del movimiento del planeta alrededor del Sol - traslación - y sobre su propio eje - rotación -. Desgraciadamente no es posible dividir la duración del año en un número exacto de días. Habría sido muy bonito - y significativo - que la duración total de una vuelta alrededor del Sol fuese igual a un número exacto de vueltas del planeta sobre sí mismo, pero no es así, lo que demuestra la artificialidad de los conceptos.
Cada 100 años nos saltamos un año bisiesto, a excepción de los divisibles entre 400, es decir, los años 1700, 1800 y 1900 no fueron bisiestos, pero el año 2000 sí. Así se consigue minimizar el error a una media de 26 segundos por año, lo que significa que más o menos cada 3324 años - es posible que este dato varíe debido a la desaceleración de la velocidad de giro del planeta sobre sí mismo - habrá que volver a hacer un ajuste de un día. Apuntadlo en vuestros calendarios: aunque le tocaría, seguramente el año 3324 no será bisiesto.
Veamos esta ingeniosa forma: con el dedo pulgar de una mano contaban las falanges de los otros cuatro dedos. Como cada dedo tiene tres falanges podían contar hasta doce. Y cada vez que contaban doce con esa mano levantaban un dedo de la otra, así podían contar hasta doce cinco veces, o sea, hasta sesenta. De esa forma los números 12 y 60 pasaron a ser considerados como números especiales, convirtiéndose en referencia habitual para todo tipo de mediciones.
La división del año en 12 meses viene explicada por las fases de la luna. Mientras el planeta da una vuelta al Sol, la Luna da aproximadamente 12,5 vueltas al planeta, una cada 29,5 días. Una vez más los periodos no son exactos, así que un año debería durar doce meses y medio. Para tener un número redondo había que decidir entre 12 o 13 meses. Sin duda en la decisión final algo tuvo que ver de nuevo el sistema en base 12, y por supuesto algo de superstición.

Cogéis el salvavidas, ese naranja que siempre llevaban en la serie, y salís corriendo hacia el bañista, tratando de llegar hasta él en el menor tiempo posible. La primera idea es ir directamente en línea recta hacia el bañista, pero puesto que la velocidad corriendo por la arena es muy diferente a la velocidad nadando por el agua, la trayectoria más rápida no sería una línea recta hacia él, sino una línea quebrada. Imaginad que sois más rápidos nadando que corriendo. Lo ideal sería llegar cuanto antes al agua, es decir, seguir una línea recta y perpendicular a la orilla, y una vez en el agua, girar y trazar otra línea recta hacia el bañista.
De esa forma recorreríais menor distancia en la arena, donde sois más lentos y más distancia en el agua, donde sois más rápidos. Y precisamente así es como funciona la luz, cambiando de dirección cuando cambia de medio, o sea, refractándose. Por eso parece quebrado un lápiz cuando lo sumergimos en un vaso de agua.
Así, cuando un rayo de luz blanca (que contiene todas las longitudes de onda) atraviesa un prisma, es desviado por refracción, pero además se descompone en todos los colores (diferentes longitudes), pues cada uno se desvía con un ángulo diferente. Esta propiedad se conoce como dispersión de la luz, y es la responsable por ejemplo de la aparición del arco iris. Cuando los rayos del sol atraviesan las diminutas e innumerables gotas de humedad contenidas en la atmósfera terrestre, éstas actúan como prismas, dispersando la luz en todas sus longitudes de onda, en todos sus colores, formando así el arco iris.
Esta fantástica velocidad permite a la luz dar 7,5 vueltas al planeta Tierra en un segundo, y nos hace parecer que su efecto es instantáneo, pero no es así. Para que los efectos sean palpables hemos de mirar a las estrellas. La luz que sale del Astro Rey tarda algo más de ocho minutos en llegar a nosotros. La siguiente estrella más cercana es Próxima Centauri, situada a 4,2 años luz, es decir, que su luz tarda aproximadamente 4,2 años en llegar hasta la Tierra (lo que nos da una idea de la excepcional distancia a la que se encuentra). Y la galaxia más cercana a la nuestra es Andrómeda, cuya luz partió de allí hace alrededor de 2,5 millones de años (algo que supone una distancia que se escapa a nuestra comprensión). Por eso, cuando miramos al espacio, estamos viendo el pasado. Observamos cómo era la galaxia de Andrómeda hace 2,5 millones de años, cómo era Próxima Centauri hace 4,2 años y cómo era nuestro Sol hace 8 minutos.
Estas distancias astronómicas, hacen que otras estrellas sean inalcanzables para el hombre, ya que las velocidades a las que viajan nuestros cohetes están muy lejos de la velocidad de la luz, y serían necesarios demasiados años para aterrizar en algún planeta de otro sistema estelar, suponiendo que exista alguno habitable dentro de nuestra galaxia. Por probabilidad debería haberlo, si no en la nuestra, al menos sí en otras. Pero hablar de colonizar otras galaxias parece hoy por hoy una auténtica quimera (ya hemos visto que la más cercana se encuentra a 2,5 millones de años luz).

Cada onda posee un espectro electromagnético, algo así como su huella dactilar, que nos permite identificar las propiedades de dicha onda, como su frecuencia, su energía…etc. Las ondas (imaginadlas como olas en el mar), tienen una determinada longitud, que es la distancia entre el máximo de una cresta y el siguiente. Pues bien, esta propiedad, conocida como longitud de onda, es la responsable de que veamos los objetos de diferentes colores. 

Algunos reflejan determinadas longitudes de onda (colores), y absorben otras. Así, cuando la luz blanca (recordemos que contiene todas las longitudes de onda o colores), incide sobre un cuerpo, lo veremos del color cuya longitud de onda se refleje. Por ejemplo vemos los objetos de color blanco porque reflejan todas las longitudes de onda. El negro en cambio es la ausencia de luz, pues no refleja ninguna. Esta es la explicación de por qué los objetos negros, por ejemplo cuando vestimos ropa negra, se calientan más que el resto: porque no reflejan la luz, absorben todas las longitudes de onda.